El Juego Interno lo es todo.
Autoestima, seguridad, visión positiva del mundo… De este conjunto bien enfocado puede extrapolarse un Marco auténtico capaz de transmitir, a través de una personalidad magnética y carismática, una realidad poderosa artífice de nuestros éxitos. Todo lo demás son detalles.
Creo firmemente que el mundo es reflejo directo de nuestra realidad interna, en el juego de marcos y el abrumador y a menudo desdeñado poder la intención. Así, mi visión de la seducción es muy filosófica y natural, aunque en mi estilo directo de propia configuración a menudo disfruto describiendo aspectos muy técnicos.

Para ser un poco más libre. Para cautivar al mundo y dejarse seducir por él.
Yo no soy un seductor. Sólo soy un tipo que ama a las mujeres…


miércoles, 31 de diciembre de 2008

Las Artes del Corazón

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LAS ARTES DEL CORAZÓN


Habréis observado que así es como a menudo me gusta llamar a esta apasionante disciplina que nos ocupa, las Artes del Corazón.

Si he de ser franco, me resisto a considerar la seducción como una doctrina metódicamente formada y ordenada. Quizás esto se deba a que la ciencia se me antoja, precisamente por la rigurosa certidumbre de sus conclusiones definidas por la lógica, como un campo frío y desapasionado. Pese a que esto no impide que pueda ser estudiada con el mayor de los entusiasmos de forma perfectamente compatible, lo cierto es que la práctica o investigación científica precisa de esa llamémosle frialdad.
Nótese que uso la palabra “práctica” como requeridora de esa cautela friática, y no la motivación que pueda impulsarnos a ella.
La ciencia se vale del intelecto perfectamente enfocado. El arte, sin embargo, nace del sentimiento y la inspiración por definición. Es el modo en que imita el hombre algo a través de un acto creativo, y precisamente por ser expresión subjetiva de un sujeto –no podría ser de otra manera– nace y está definido por la emoción que lo engendró.

Para mi, un encuentro seductivo con una mujer es como una de esas esculturas de arena que podemos ver en algunas playas, protegidas por sus astrosos creadores de vida nómada y excéntrica, que perduran hermosas durante más o menos tiempo hasta que finalmente, cuando ya nadie les presta atención (normalmente finalizada la estación estival y turística), desaparecen y solo dejan el recuerdo… un bonito recuerdo.
Es por esto que prefiero concebir la práctica de estas virtudes como un arte creativo, porque nacen y se alimentan por la emoción, tan inexacta y en cierta medida impredecible.
Sin embargo, atendiendo a la primera acepción de "ciencia" que encuentro en la pequeña enciclopedia que tengo entre las manos, esta puede definirse como el conocimiento cierto de las cosas por sus principios y causas. Visto así, bien podríamos considerar las Artes del Corazón como una ciencia estudiable a la hora de pretender basar nuestras actuaciones en principios aprendidos. Digamos que, los adornos cautivadores puramente subjetivos y emocionales de los que nos valemos, se sustentan indiscutiblemente sobre un esqueleto erigido de manera científica.
No hace mucho, estudiantes de psicología de toda España se manifestaban en Madrid para que su doctrina fuera considerada como una ciencia al uso. Creo que podría decirse que todo tiene su ciencia, por el contrario, no todas las aplicaciones pueden ser consideradas un arte.
La conclusión a la que pretendo llegar con estas divagaciones etimológicas es que, aunque sea posible reproducir un método sistematizado y pretender suponerle cierta cualidad exacta, no creo que en seducción pueda llegarse muy lejos sin sumergirse en el mundo de lo emocional, puesto que es un corazón lo que se pretende cautivar y no un cerebro, y esto no todo el mundo termina de comprenderlo.

Personalmente, puedo decir que soy MUY emocional; en ocasiones, he llegado a pensar que en exceso.
Durante algún tiempo, transité por ciertas ramas del Juego Interno con la intención de hallar el método práctico que me permitiera desligarme de mis sentimientos. De alguna manera, pensaba que la discriminación de las emociones me otorgaría una perspectiva tan poderosamente pragmática que viviría libre de condicionantes y puntos de vista distorsionados, además de sufrimiento. Menuda necedad.
Sobra decir que ese objetivo es de todo punto inalcanzable, tan absurdo como intentar secar el agua. Somos seres humanos, y los seres humanos son emocionales, en mayor o menor medida, pero siempre lo son.
A pesar de todo, tanto fuera como dentro de la Comunidad, muchos de nosotros parecemos ansiar el poder desprendernos de nuestra en ocasiones pesada carga emocional... No hay cara sin cruz como no hay día sin noche; sin emociones, ¿qué nos diferenciaría de esa planta que crece en tu terraza?
¿Tienes miedo de arriesgarte a hacer ese abordaje tan atrevido y te lamentas a causa de los desgarradores puñales que torturan tu corazón por la monitis?
No niegues tus emociones, ABRÁZALAS.

Alégrate de ser alguien imbuido de intensos sentimientos y sensaciones, los consideres a priori buenos o malos.
Cuando hablo de nuestra tendencia a tratar de rechazar el propio sentir en los momentos en que este se nos antoja intolerable, se me ocurre un símil que creo puede resultar bastante gráfico en estos tiempos tan modernos que corren:
Imaginad la pantalla de un ordenador cargado con el omnipresente sistema operativo Windows; cada emoción que surge, es como una nueva ventana que se abre frente a vosotros, incluyendo ese color parpadeante diseñado con el fin de llamar nuestra atención. Nosotros, al no reconocerla, apartamos los ojos de ella y la minimizamos, intentando obviarla; sin embargo, aunque miremos hacia otro lado, esta sigue estando ahí, con su incesante intermitencia y ese curioso sonido semejante a una campana. Entonces empiezan a abrirse nuevas ventanas y, aunque seguimos prefiriendo ignorar su aparición, estas comienzan a acumularse en la barra de Inicio acompañadas de sus reclamos audiovisuales. Pronto, la pantalla se habrá convertido en una auténtica locura y seremos incapaces de concentrarnos en nada, una situación bastante incómoda.
Pienso que algo parecido ocurre con nuestras emociones no reconocidas. Quedan ahí, torturándonos, teñidas por la negatividad de la no aceptación (y no de su propia naturaleza perniciosa, como podemos llegar a pensar).
No obstante, en lugar de resistirnos a admitir su innegable existencia, podríamos optar por aceptarlas como parte de nosotros, sumergirnos en ellas y vivirlas intensamente –puesto que, repudiarlas, conlleva rechazarnos en parte a nosotros mismos– independientemente de su naturaleza.
Siempre habrá emociones. Alégrate de tenerlas, son las que hacen que tu vida sea algo más que el devenir de insulsos intentos por mantenerte vivo y reproducirte.

Rechazar la propia emoción implica el rechazo a una parte indisociable de uno mismo. Esto equivale a no aceptarse y por tanto no quererse, situación antagónica del estado de autoestima.

Cada día estoy más convencido de que, para desplegar nuestras artes con éxito, debemos estar íntimamente conectados a nuestras emociones. Como sugería en el artículo titulado Sedúcete a ti mismo y Déjate seducir, es imposible envolver a nadie en un estado emocional –imprescindible en seducción– si nosotros somos incapaces de acceder a él en primer lugar.
Esto no está reñido con ser asertivo. Ser conscientes de que nuestras emociones palpitan como parte de nosotros y atender su mensaje o razón de ser no implica necesariamente que seamos reactivos y contribuye a conocernos más a nosotros mismos. Observándolas, que diría Eckhart Tolle (autor de El Poder del Ahora, para quien no lo sepa), podemos reconocer su existencia y evitar, con mayor tino si cabe, que puedan condicionarnos o distorsionarnos; en lugar de permitir que la ola te arrastre, cabálgala como haría un habilidoso surfista.

Ser emocional no tiene nada que ver con ser cursi.
Creo que ya está más que desterrado el tópico de que a las mujeres les atraen esos tipos melosos que pretenden ostentar una sensibilidad tan acaramelada como sobreactuada a modo de estrategia de conquista. Aunque los beneficios de un punto tierno bien calibrado y combinado están lejos de ser cuestionables, la ñoñería está relacionada por definición con el fingimiento… Reactividad y falta de autenticidad; no puede existir nada más detestable para una fémina.
En la otra cara de la moneda encontramos al tipo duro, otro invariable estereotipo que, quiero pensar, también ha sido desterrado fuera de los institutos. Los gallitos de pelea tampoco seducen a nadie.
Nada de eso. Cuando hablo de ser emocional me refiero a EXPRESIVIDAD y RIQUEZA DE SENSACIONES, una fuente de impresiones pasionales de la que ella disfrutará libando y contagiándose mucho más de lo que te puedas imaginar. Sin ellas, las emociones, no hay obra de arte.

Otro elemento que contribuye a hacerme concebir un encuentro seductivo como un arte es lo necesario que resulta para mi ese sentimiento de INSPIRACIÓN –no demasiado diferente del que, imagino, precisa un pintor para precipitarse sobre el lienzo en una orgía de colores, o el compositor antes de comenzar a garabatear sobre una partitura en blanco–.
Debo reconocer que esto limita mucho mis abordajes y, de alguna manera, trato de revelarme contra ello intentando disminuir mis exigencias en las aperturas (pues lo cierto es que lo considero una limitación para mis avances).
Sin embargo, sin inspiración me falta el ímpetu y, de alguna manera, la obra resulta mucho más insípida debido a la carencia emocional… Tengo que sentir cierto nerviosismo cuando miro a una chica, ese estimulante que, lejos de devenir en parálisis (aunque en el pasado confieso que así era), me anima enormemente a lanzarme en busca de la danza de sensaciones con esa pareja de baile.

Un tipo que vive en comunión con sus emociones permite que la vida lo haga vibrar, aún sin condicionarlo, se concede regodearse en lo que es y siente. Eso las chicas lo notan y disfrutan.
Cuando abrazas tus propias emociones, todos tus cierres serán más vivos… más dignos de recordar… como aquella escultura de arena que una vez se erigió en la playa para disfrute de aquellos paseantes que tuvieron la fortuna de verla.
¿Sientes tristeza, miedo o frustración? Saboréalo, significa que estás vivo. Solo necesitas un cambio de perspectiva, recuerda que la moneda siempre tiene dos caras, siempre.

Otro elemento que pocas veces se comprende es la recomendada vulnerabilidad (en lo que a la práctica de la seducción se refiere), inseparable esta de un espíritu emocional.
Una cosa es ser vulnerable y otra muy diferente es ser frágil.
Aquel que es frágil tiene tendencia al drama, resulta ser intensamente reactivo, y cae en la melancolía con facilidad, siendo disuadido de perseguir sus objetivos por la propia percepción distorsionada de las circunstancias y una mojigatería descontrolada.
Por el contrario, yo definiría al seductor vulnerable como un tipo que, pese a actuar acompañado de pragmatismo y enfrentarse a sus emociones con asertividad y buen juicio, evitando reaccionar, no pretende hacer ver de cara a la galería que no existe afectación, porque está cómodo revelándose tal cual es. Las afiladas puntas de los dardos que amenazan su corazón pueden herirlo, pero no apartarlo de su camino.
Es consciente del dolor emocional y lo asume porque confía en si mismo y su integridad, además de hacer gala de una importante dosis de valentía.

La idea es mostrarse emotivo y pasional, libre de expresar lo que lleves contigo.
Sé emocional, no cursi. Sé vulnerable, no frágil
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En materia de seducción estamos trabajando con las emociones. Pretender distanciarse de ellas se presenta a mi entender como una idea completamente contrapuesta.
Estas son las Artes del Corazón.


¡Felices fiestas a todos!
Me despido también de este maravilloso e intenso 2008, que tantísimas cosas que me ha aportado.
Os deseo una magnífica salida y entrada de año… ¡en la mejor compañía!
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martes, 9 de diciembre de 2008

Chubascos en el Paraíso. Las Relaciones Estables Múltiples II

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CHUBASCOS EN EL PARAÍSO
LAS RELACIONES ESTABLES MÚLTIPLES II
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Este artículo es la continuación de Chicas, chicas, chicas… Las Relaciones Estables Múltiples I.

No se puede ganar una discusión. Es imposible.
Cuando discutimos, permitimos a nuestro ego identificarse con las ideas que pretendemos defender, de tal forma que ya no estamos sosteniendo una opinión o un punto de vista, sino nuestra propia validación individual. Es absurdo, lo sé, y sin embargo es esto lo que sentimos. Jamás reconoceremos por tanto que los argumentos del otro nos han convencido y, si estos son de una veracidad aplastante y sustentada en datos objetivos, recordaremos la supuesta derrota y a su artífice con rencor.

Por mi parte, tenía esto muy presente mientras departía con dos compañeros de la facultad a tenor de las relaciones hombre-mujer y las supuestas reglas que las rigen o, según ellos, deberían regirlas. Sin embargo, aunque era muy consciente de que mis argumentos no harían mella en sus rígidos planteamientos, aquellas perspectivas tan usuales que me ofrecían eran reflejo de los pensamientos de gran parte de la sociedad, unos trazados de los que yo, poco a poco y sin darme cuenta, me había alejado sustancialmente.
Aquellos chicos eran incapaces de comprender o asimilar que yo pudiera tener dos novias y, además, libertad para continuar abriéndome a otras mujeres, que van y vienen.
Sin embargo, que ellos no asumieran mi realidad no cambiaba la misma; las chicas seguían estando ahí y su relación conmigo era la que era. Entonces, sus razonamientos los llevaron a tachar mis relaciones como superficiales, a suponer que yo no encontraba nunca en una chica la profundidad a la que únicamente se accede por el camino de la exclusividad. Es curioso cómo algunos hombres prefieren hacer legítima su propia Mentalidad de Escasez antes de atreverse a pensar que quizás, solo quizás, exista algo más que lo que siempre nos han dicho. Que quizás todas esas reglas conyugales sean menos dogmáticas de lo que parecen a primera vista.
Aquellos chicos me hablaban de cómo la pareja sobrevive a ciclos de discusiones y peleas que, para mí, son intolerables. Yo a esto lo llamo DRAMA. Y precisamente del drama voy a hablaros hoy, en el contexto de la Relación Estable Múltiple.

Muchos de vosotros conocéis ya cuál es mi manera de entender el Juego. Mi deseo es acercarme a esa desconocida que, por su apariencia y su talante, llama poderosamente mi atención logrando así atraerme con la fuerza del brío más instintivo y seductor, ¿son suaves mariposas lo que siento en la boca del estómago?
De ella no quiero un beso, o al menos no únicamente eso. De ella espero descubrir una personalidad y esa serie de facetas que se harán para mí tan fascinantes y encandiladoras como las turgencias que se adivinan a través de su excitante escote. De ella espero obtener algo más, algo nutricio, y para eso precisaré de un segundo encuentro, quizás varias citas, puede que incluso una REM, o únicamente la maravillosa y fugaz correspondencia que tengamos en el bar de turno.
Por eso solo haré un cierre por noche. Por eso un simple beso no me sirve de nada. Por eso no dedicaré tiempo a una extranjera de vacaciones con la que no puedo mantener una charla profunda por problemas idiomáticos. Y por eso en ocasiones soy tan selectivo y exigente.
Me acerco a ELLA y, mientras la descubro, decido hasta dónde estoy dispuesto a llegar. Hasta donde será nutricio llegar.
Quiero aclarar que esta es mi manera personal de entender y aplicar el Juego, ni la mejor ni la peor, solo la mía, y esto no conlleva la censura de otros planteamientos, al contrario, pienso que los distintos puntos de vista y perspectivas –con el correspondiente intercambio de las mismas– son tremendamente enriquecedores.

Sin embargo, y como mencionara en el artículo que precede a este que ahora leéis, la mujer normalmente tenderá a desear que la relación se formalice volviéndose exclusiva y estable.
La estabilidad es la antítesis del caos y, no obstante, la naturaleza de todo es el cambio constante. Aún así, el ser humano siempre persigue la permanencia y el arraigo de las cosas convirtiendo el cambio en un problema emocional y fuente de sufrimiento. Pienso que esta es posiblemente la enseñanza más valiosa que Eckhart Tolle nos regala en sus obras: aceptar la naturaleza cíclica y cambiante de las cosas, con el correspondiente desapego a lo que es efímero por naturaleza –únicamente siendo capaces de aplicar esta filosofía ya lograríamos ser eminentemente felices en cualquier circunstancia–. Reconozco que, en la mayoría de los casos, es algo harto difícil (resulta paradójico, si me permitís el inciso, cómo nuestra naturaleza egótica se resiste de esa manera a aquello que define el mundo en que vivimos: el cambio; es como si todos los seres humanos naciéramos con una maldición).
Aunque a continuación voy a hablar de cómo enfrentar el drama que engendra en la psique femenina la prolongación de una Relación Estable Múltiple con un grado de implicación alto sin que esta termine por devenir en un noviazgo formal típico, el drama en sí mismo siempre surgirá en cualquier relación en que estemos hipotecando emociones (esas fuertes discusiones de las que hablaban mis compañeros de facultad que, para ellos, eran pieza indisociable de una relación exclusiva –planteamiento con el que no disiento, tal es la tendencia del ego humano para concebir la tragedia).
Desconozco si nuestra irrefrenable capacidad para engendrar drama proviene de nuestra fundamental naturaleza humana o, por el contrario, es debida a un fenómeno social, habiéndola aprendido y asimilado desde el momento en que nacemos y nuestras tiernas psiques comienzan a cimentar los pilares del “yo”.
En el caso de las relaciones sentimentales es innegable que, sea la tragedia emocional asociada a estas innata o aprendida, estamos mamando continuamente la existencia desmedida de esta clase de drama, de hecho, incluso se hace una apología bastante clara del mismo. Fijaos en las canciones; la inmensa mayoría están incluidas, por su temática, en una de dos categorías básicas: el amor y el despecho. Con demasiada frecuencia, el amor concebido como dependencia emocional y por tanto adicción, y el despecho interpretado como la autocompasión y el rencor hacia el otro que, por su crueldad al no corresponder a nuestras expectativas, nos hace daño… Analizando esto fríamente, resulta sorprendente cómo estos venenos están contaminando constantemente, a través de nuestro subconsciente distraído, el concepto de la relación hombre–mujer, que personalmente prefiero concebir como fuente de alegría, así como enriquecimiento y cautivación recíproca, más que como origen de tragedia asegurada.
Ten muy en cuenta, no obstante, que muchas mujeres han interiorizado fuertemente esta ambivalencia de pasión y dolor.

A mi modo de ver, cuando en el contexto de una REM comienzan a dejarse ver resquicios del primer drama, normalmente es el momento de poner punto y final con alegría y cordialidad.
No obstante, en el caso de esas chicas especialmente maravillosas (aquellas que, quizás en otro momento de nuestras vidas, habríamos gustado de llamar novias), es posible que merezca la pena combatir esos episodios dramáticos para prolongar –que no eliminar– la natural “fecha de caducidad”, propia de cualquier Relación Estable Múltiple, que mencionara en el artículo predecesor de este.
En esencia, es importante comprender y ser especialmente consciente de que el drama es SIEMPRE una construcción mental y distorsionada de la mente que lo engendra. No perdáis el tiempo en buscar hechos objetivos que lo definan o justifiquen, ni siquiera como vía para tratar de aplacarlo o diluirlo, porque no funcionará. El ser humano es por naturaleza subjetivo, y para ella la realidad es su interpretación, los hechos como tal no existen; por tanto, entenderéis ahora que, por extraño que parezca debido a la carga emocional que conlleva, el drama no es más que un Juego de Marcos.
Su realidad es ahora tormentosa, incómoda, puede que incluso dolorosa, y así te la presentará. En la mayoría de los casos, los hombres reaccionan ante esta situación pretendiendo convencer a una mujer, que ahora se identifica con un alma torturada, de que su reacción es desmedida o exagerada. Al hacer esto, estamos asumiendo que la realidad calamitosa que ella nos demuestra, esos hechos interpretados a través de un filtro trágico, es tal cual la describe. Podría decirse que hemos aceptado ese Marco, y esto es un ERROR.

He aprendido que, para que una relación no exclusiva salga airosa de estas embestidas, es preciso atender a dos normas fundamentales:
La primera es no legitimar jamás el drama. No debemos admitir que existe, así de sencillo; pero cuidado, la aplicación de este precepto no se traduce en intentar negar con tozudez los planteamientos de nuestra querida compañera, NO, se trata de ser completamente conscientes de que el drama es una perspectiva construida por el ego temeroso y, sabiendo esto, no reaccionar ante él ni participar del mismo.
En el momento en que surge un estado de negatividad –del tipo que sea– y tratamos de debatir sobre las circunstancias, en lugar de hacerlo sobre los sentimientos, acabamos de dar al episodio dramático toda la credibilidad que necesita para retroalimentarse.
En lugar de eso, mantén el desenfado. Escúchala y muéstrate comprensivo con sus sentimientos, pero no los compartas. Debes ser suave, empático, y conducirla hacia tu realidad, mucho más feliz e higiénica, sin enfrentarte ni oponerte directamente al drama.
Escúchala, permite que hable y no discutas… Ya comentábamos, al principio del artículo, en qué consiste una discusión y cómo termina.

El segundo paso es ofrecer ahora nuestra interpretación, nuestra realidad, nuestra perspectiva.
Voy a contaros a continuación en qué consiste mi concepción de lo que es una Relación Estable Múltiple, y este es por tanto el Marco que exhibo:
<< ¿Por qué necesitamos poner nombre a lo que estamos viviendo? Tú (la chica) eres mucho más de lo que puedo catalogar con una simple etiqueta. Las etiquetas únicamente existen en el tiempo y sirven para construirnos una identidad, una historia en la que apoyarnos y crear dependencias emocionales. No, a mi me alucinas aquí y ahora, y no necesito ponerle nombre, ¡no podría ponerle un nombre! ¿Qué somos ahora? Puedes bautizarlo como quieras: novios, amantes, amigos… Pero yo abogo por vivir el momento y disfrutar sin pensar en cómo será mañana o pasado. No deseo forjar contigo una cadena de aislamiento y de dependencia, no quiero que estemos juntos porque “somos novios”. Quiero que estemos juntos porque, día tras día, te elijo desde la abundancia, de entre todas mis opciones, te escojo a ti, y deseo que tú tengas la libertad de hacer lo mismo, día tras día >>
Esto no es material enlatado (y tener que hacer esta advertencia, mis ingenuos cazadores de rutinas, me entristece). Se trata de una breve descripción a modo de boceto para que entendáis qué clase de marco intento instaurar con mis REM; si descubro que alguien lo vomita a modo de enlatado, prometo que lo perseguiré, lo encontraré y lo mataré…

Existe otra forma de esquivar el drama algo más aparatosa pero tremendamente eficaz.
Teniendo en cuenta los orígenes de estas exaltaciones funestas y egóticas, así como la innegable necesidad que como seres humanos tenemos de ella, lo cierto es que frente al drama de nuestra REM con frecuencia resultará especialmente útil ofrecer un drama distinto sustentado en alguna imposibilidad hacia el noviazgo, procedente de nuestra situación en lugar de la suya, que contrarreste el que ella nos ofrece en ese choque de realidades. Sigue habiendo drama, pero ahora es distinto; es algo muy parecido al uso de la Barrera durante una interacción, y del mismo modo pertenece en esencia al Juego de Marcos (al igual que obviamos sus barreras poniendo nosotros las nuestras y, por tanto, haciendo ver que si la relación no prosigue se debe a nuestros impedimentos y no los de la preciosa muchacha que estamos seduciendo, recurrir nosotros a ciertos tintes dramáticos obra el mismo efecto en estos casos). Sin embargo, no deseo extenderme demasiado en este punto por ahora, puesto que es una técnica complicada y difícil de manejar, que ya tendrá su protagonismo en futuros textos.

En resumen, cuando asistamos al nacimiento del drama, la clave para diluirlo es no reaccionar y mantener una actitud positiva, jamás contagiarse ni expresar negatividad alguna. A continuación, ofrecer la propia perspectiva y conducir así suavemente a nuestra interlocutora, con frecuencia haciendo uso de la empatía y la cualificación.
No des credibilidad a la perspectiva trágica.

Antes de poner punto y final al artículo, quisiera hacer mención a algo que llamó hace nada mi atención, provocándome como mínimo una sonrisa divertida.
Era más tarde de lo que desearía para disfrutar de una cena rápida en la cocina de mi casa. Mientras comía, la casualidad quiso que un canal elegido al azar me mostrase en aquellos fugaces minutos una curiosa escena, muy apropiada para el texto (el que ahora lees) que tenía entre manos, casi a punto.
Esta, pertenecía a la interminable pero todavía exitosa serie española titulada Cuéntame Cómo Pasó, y en ella un muchacho reprochaba incómodo a la jovencita que lo acompañaba el que su relación no fuera bautizada como un noviazgo convencional.
En apenas un par de frases bien escogidas, ella convierte el desasosiego del drama en puro candor sentimental. Habla de la ponzoña que engendra la dependencia emocional y la identificación con los papeles del ego, algo que ella no desea en su relación; habla de que tenemos los sentimientos aquí y ahora, y que para definir eso no necesitamos un nombre. Todo lo demás son construcciones mentales, y solo existen si nos las creemos.
Os dejo el link, se me antoja una manera fabulosa de terminar el texto: http://www.rtve.es/mediateca/videos/20081205/que-tiene-malo-palabra-novio/355258.shtml?s1=programas&s2=series&s3=cuentame-como-paso

Pese a todo, cuando tenemos acceso a chicas que nos entusiasman de verdad, que nos maravillan, ¿cuánto tiempo podemos resistirnos a una Relación Estable? ¿Hasta cuándo podemos escapar a ese acariciante retiro?
Continuará…